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En un paso prometedor hacia baterías de estado sólido más duraderas y eficientes, investigadores en Suiza han desarrollado un nuevo proceso que permite a estas baterías **retener alrededor del 75 % de su capacidad original incluso después de 1 500 ciclos completos de carga y descarga —un avance significativo frente a las tecnologías actuales.
Las baterías de estado sólido representan una evolución de las baterías de litio-ión tradicionales al reemplazar el electrolito líquido por uno sólido, con lo que se logra una mayor seguridad, densidad energética y potencial de vida útil. Esto se traduce no solo en más energía en menos espacio, sino también una reducción en los riesgos de fugas o incendios asociados a los electrolitos líquidos de las baterías convencionales.
El equipo del Paul Scherrer Institute (PSI) en Suiza desarrolló una técnica novedosa para densificar el electrolito sólido y estabilizar su interfaz con el litio metálico —dos desafíos clave en el desarrollo de estas baterías. Gracias a un proceso de sinterización a baja temperatura y una fina capa protectora sobre el ánodo, lograron que la batería mantenga cerca del 75 % de su capacidad después de 1 500 ciclos de carga/descarga en pruebas de laboratorio.
Este resultado no solo es notable por sí mismo, sino porque se ubica entre los más altos registrados hasta ahora para este tipo de tecnologías, lo que sugiere que las baterías de estado sólido podrían superar en rendimiento y longevidad a las baterías de litio-ión con electrolito líquido que son estándar hoy en día.
La capacidad de una batería para mantener su rendimiento tras muchos ciclos de carga y descarga es fundamental para aplicaciones del mundo real como vehículos eléctricos, almacenamiento de energía renovable y dispositivos portátiles. Una batería que conserva su energía por más tiempo no solo prolonga la vida útil del producto que la integra, sino que también reduce costos a largo plazo y la necesidad de reemplazos frecuentes.
Además, el proceso desarrollado en Suiza puede ser más fácil de escalar industrialmente, ya que opera a temperaturas relativamente bajas y con técnicas de manufactura que podrían integrarse en líneas de producción existentes.
Este tipo de avance pone de manifiesto que las baterías de estado sólido están cada vez más cerca de aplicaciones comerciales viables, junto con otros desarrollos globales que buscan mejorar aún más la densidad de energía y la vida útil de estas tecnologías. En el sector automotriz, por ejemplo, baterías más duraderas significarían mayores autonomías y menor degradación con el tiempo, algo esencial para la adopción masiva de vehículos eléctricos.
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